Últimamente, he investigado sobre el género Beefcake (pastel de ternera) que es como se llama a las revistas de culturismo de los años 30 a los 60.

Los “forzudos” que se mostraban como fenómenos en las ferias son el origen del culturismo. Charles Atlas fue un famoso pionero que creó su método “Tensión Dinámica” para ponerse cachas y devolver la paliza a un matón de barrio en el Brooklyng de los años 10, para después terminar actuando en el freak show de Conney Island.

Las revistas dedicadas a este tema surgieron en los años 30. En una sociedad como la de entonces, sometida a la censura, pronto atrajeron al público y a los fotógrafos gay, que durante muchos años contaron con poco más que estas publicaciones para dar salida a una sexualidad que podía llevarles a la cárcel.

El desnudo frontal se despenalizó en EEUU en 1962 , hasta entonces, los modelos llevaban una “posing strap”, una especie de tanga de tela que fue menguando con los años.

Con la despenalización, se produjo la “caída de la hoja de parra” en revistas como Physique Pictorial, pero la pornografía estuvo prohibida hasta los años 70. Para evitar ser catalogadas como erotismo todavía durante un tiempo las fotografias necesitaban una coartada. En teoría se trataba de promover el fitness, la salud o el arte. De ahí vienen las poses, la ambientación y el vestuario delirantes con temática de lucha libre, romanos con sandalias, dioses griegos, muchos de ellos con sus estupendos tupés y sus tatoos cincuenteros.

“The Male Figure” con el fotógrafo Bruce of Los Angeles y “Athletic Model Guild” fueron la revistas más representativas del género. En esta última y en su fundador Bob Mizer está basada la película “Beefcake”.

Los modelos no eran necesariamente homosexuales pero tampoco eran tontos y sabían a que público iban dirigidas esas revistas. Aún así, estaban contentos de que se publicasen sus progresos en el gimnasio o de sacarse un dinerillo y accedían a posar con esas pintas.

Aún en la época en la que el desnudo no podía publicarse, los fotógrafos conseguían desnudos integrales que  guardaban en sus archivos y que fueron alimentando un tráfico oculto ilegal. Los que lo hacían podían meterse en problemas como un fotógrafo que acabó detenido por fomentar la prostitución por una serie de signos que apuntaba junto a sus fotografías y que registraban características físicas y gustos sexuales del modelo.

El meollo de la escena Beefcake estaba en LA, en sus gimnasios y playas que probablemente eran la vanguardia del culto al cuerpo. Estaba propiciada por esa búsqueda de una forma de vida alternativa que ha caracterizado a la ciudad, y Hollywood, y la gente del cine, estaban cerca para animar todavía más el cotarro, como hicieron las fiestas de piscina de Rock Hudson o el show de burlesque que Mae West tenía a los 61 años donde se rodeaba de coristas beefcake.

Para el público de ahora, en el momento del hardcore amateur y casero de las webcam, esos pin ups vintage masculinos sospecho que resultan un poco ridículos pero yo veo en estas fotografías una ingenuidad muy divertida y, si las miramos en su contexto, a la luz de las historias que las acompañan, modelos y fotógrafos no dejan de tener su faceta de activistas pioneros que corren riesgos desafiando con rebeldía y descaro a una mentalidad dominante puritana e injusta.