Estudios recientes apuntan a la posibilidad de que internet esté suponiendo un cambio importante en nuestra forma de leer y de pensar. Estudiando la forma en que los usuarios de servidores donde se encuentran disponibles artículos, libros y otras fuentes escritas los utilizan, han concluido que hay una actitud general de “skimming” o lectura en superficie, saltando de un texto a otro, volviendo rara vez al anterior.

La habilidad de lectura no está en nuestros genes lo mismo que el lenguaje sino que tenemos que entrenarnos para hacerlo. Los lectores de ideogramas como los Chinos utilizan conexiones neuronales diferentes al leer que los occidentales.

Se considera un hecho demostrado que las tecnologías intelectuales que usamos modifican los procesos mentales. Ejemplos de esto:

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Nietze obligado por salud tubo que utilizar una maquina de escribir. Esto influyó en su prosa y en su pensamiento que se volvió telegráfico y él mismo llegó a afirmar que el equipo que utilizamos para escribir modifica nuestra forma de pensar.
La invención y generalización de el reloj cambió la mentalidad de los hombres introduciendo la sensación de una dimensión temporal paralela. A partir de entonces se come cuando marca el reloj y ya no más cuando se tiene apetito.

A finales del siglo XIX Frederick Wisllow Taylor estudió los movimientos de trabajadores en sus puestos dibujando cuidadosamente cada momento de la actividad. De esta forma encontró la secuencia de movimientos óptima para alcanzar la máxima productividad. El taylorismo y su búsqueda de la mayor eficiencia ha sido, desde entonces, la filosofía asociada da la revolución industrial y esta filosofía se encuentra detrás de muchos que trabajan en las grandes empresas de Internet.
Quienes es están al frente de Google confirman que, para ellos, su labor tiene que ver con la inteligencia artificial. Si todos estuviésemos conectados a un super cerebro que sabe de todo y que sabe mas que nosotros mismos, nos iría mejor.

El miedo a que la tecnología empeore al ser humano no es nuevo. Sócrates tiene miedo de la escritura por que piensa que la gente acabará confiando más en la palabra escrita que en la información que lleva consigo en la mente. La invención de la imprenta causa recelos y, en Italia, hay filósofos que se quejan de que la disponibilidad de textos volverá a la gente más perezosa.

Los peligros resultaron ciertos ciertos y provocaron los efectos negativos vaticinados pero los beneficios fueron, a la larga, mucho mayores y surgieron ventajas impredecibles.

Internet fomenta la accesibilidad, la efectividad y la  inmediatez pero no la reflexión profunda. El riesgo a que esto nos conduce es a convertirnos en gente con mentalidad de pancake, de crêpe: amplio pero delgado.

Un artículo de Richard Foreman resume perfectamente este riesgo: provenimos de una civilización donde el ideal era la personalidad formada con un modelo de gran catedral: altamente educada y articulada, compleja y densa. Un hombre o mujer que llevaba dentro de si una personalidad construida por una propia visión de toda la herencia cultural del oeste. Esa compleja densidad interior esta evolucionando ante la presión de la sobrecarga de información y las prisas de la disponibilidad instantánea.